Autor: Arístides Trillo

Las Smart Cities, son por definición las ciudades construidas en torno al ciudadano, y por lo tanto, el próximo paso del desarrollo social. Los experimentos llevados a cabo internacionalmente en el terreno de las ciudades inteligentes se han apoyado en la tecnología y el ingenio; y en todos los casos, el objetivo fundamental es mejorar la calidad de vida de las personas.

Un planteamiento universalmente aceptado es que la ciudad es el ámbito de concentración humana, es el producto cultural más sofisticado que el hombre ha creado en sociedad. De modo que, la ciudad debe poder albergar a una comunidad y permitir absorber su crecimiento.

En este orden de ideas, desde el punto de vista del impacto al planeta, lo ideal es detener la expansión descontrolada, dejando una mayor oportunidad a las áreas verdes y a la vida silvestre. En 1898 Ebenezer Howard planteó una versión incipiente –inocente- de lo que hoy conocemos como ciudades inteligentes:

“La ola de urbanización debe detenerse, llevando a la gente de las metrópolis cancerosas hacia nuevas ‘ciudades jardín’ autosuficientes. Los residentes de estas pequeñas islas felices sentirían la ‘jubilosa unión’ entre la ciudad y el campo. Vivirían en casas lindas con jardines al centro, caminarían a sus trabajos en las fábricas periféricas y serían alimentados por las granjas de los cinturones verdes a su alrededor, lo cual también impediría que la urbe se extendiera hacia el campo”.

Hoy en día, el concepto de la ciudad verde o sustentable ha evolucionado de manera significativa, apoyando su existencia en la tecnología. Al igual que el teléfono de tono de los años 90 ha evolucionado a los Smart Phone, las ciudades han evolucionado a las Smart Cities, con el único fin de mejorar la calidad de vida y optimizar los recursos disponibles. En este sentido, aspectos como: accesibilidad de las personas, comprensión de la diversidad del ser humano, recursos ambientales, espacios públicos, huella ecológica, movilidad y seguridad son los principales en estas “nuevas ciudades”.

El camino para reinventar nuestras ciudades y convertirlas en “inteligentes”, es sin duda un campo minado, pero hay ejemplos más que significativos de excelentes esfuerzos de ciudades que buscan ser mejores para sus habitantes. Boyd Cohen (2013), propone un ranking de las ciudades más inteligentes de América Latina, entre las que están: Santiago de Chile, Bogotá, Medellín, Ciudad de México, Buenos Aires, Río de Janeiro y Curitiba; su presencia en este exclusivo ranking no significa que no estén afectadas por los problemas cotidianos de las grandes ciudades; pero resaltan los esfuerzos de sus gobiernos por la modernización y la búsqueda de la cercanía con sus habitantes. Proyectos en materia de movilidad, conectividad, accesibilidad, seguridad, planificación urbana, utilización de los recursos naturales, adaptabilidad climática, manejo de residuos, educación y gobernabilidad; han hecho que estas ciudades puedan estar en el camino de las Smart Cities.

En este contexto, la Ingeniería se convierte en una herramienta fundamental para el logro de los objetivos de las Ciudades Inteligentes. Las Academias Nacionales de Venezuela en el documento “Propuestas a la Nación” (2011), plantean lo siguiente con relación al rol que debe cumplir la ingeniería:

“Si se concibe que el fin prioritario de la ingeniería a través de sus diferentes ramas, es el de contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad, se puede plantear que la ingeniería ha de estar, en esencia, al servicio del mejoramiento de la calidad de vida de la población, en su sentido más amplio. Para ello la ingeniería requiere usar recursos naturales y energía en forma tal que permita satisfacer las necesidades humanas del presente, sin comprometer la posibilidad de atender las demandas de las futuras generaciones”.

…“Esto significa que, a la ingeniería le corresponde ser un instrumento para contribuir a la igualdad social, al aumento de la capacidad productiva, obtener un hábitat sano y agradable, servicios públicos al alcance de todos, condiciones apropiadas de aprovechamiento de los recursos naturales y de conservación del medio ambiente, entre otros aspectos relevantes. Esto último es imprescindible para asegurar la sostenibilidad ecológica del desarrollo, en el mediano y largo plazo”.

En Venezuela, como en la mayoría de los países del mundo, las ciudades concentran la mayor cantidad de población. Caracas, Maracaibo y Valencia son los ejemplos más significativos de concentración poblacional en nuestro país, por lo que quizás la reinvención o reingeniería de nuestras ciudades podría comenzar por alguna de ellas.

El ejemplo más cercano que tiene Venezuela de una ciudad en el camino de Smart City, lo representa Caracas con el plan estratégico Caracas Metropolitana 2020. Según este plan “Caracas, debe plantearse como una metrópoli y no como un simple agregado de municipios para ofrecer a sus habitantes niveles de calidad de vida compatibles con sus potencialidades, el progreso tecnológico y los modernos derechos de ciudadanía”.

 

En resumen, hay que entender que no existen dos ciudades iguales, por lo que para llegar a ser una ciudad inteligente, lo primordial es definir qué quiere ser la ciudad, cuáles son sus principales necesidades y cómo convertir al ciudadano en protagonista; para, posteriormente apoyarse en la ingeniería como la llave que da acceso a todas las soluciones necesarias. Las telecomunicaciones, la arquitectura, el planeamiento urbano, la computación y hasta la inteligencia artificial, son parte de la gama de opciones que el ingenio humano ha puesto al servicio de las ciudades modernas. El aprovechamiento del “Big Data” y la construcción de edificios “verdes”en ciudad de México, el sistema de transporte masivo en Bogotá, la renovación urbana de Buenos Aires, y la infraestructura de Medellín basada en la inclusión social, son una pequeña muestra de lo que puede hacer el hombre con su ingenio por una mejor calidad de vida.